Para las personas que nunca han experimentado la experiencia de sufrir una crisis de pánico o crisis de angustia, puede parecer que es una banalidad, algo así como “estar un poco más nervioso de lo habitual”. Nada más lejos de la realidad.

ataques-de-panicoLas crisis de angustia se caracterizan por la aparición de forma súbita de una serie de síntomas aterradores:

  • Síntomas físicos

De forma súbita, la persona que sufre una de estas crisis experimenta palpitaciones, y es consciente de que se ha incrementado la frecuencia de los latidos de su corazón. A veces, describen también la sensación de que el corazón “se ha parado” o “ha dado un vuelco”. Pero lo habitual es que aumente la frecuencia cardíaca.

Aparecerá además una opresión en el pecho, que fácilmente será confundido con la posibilidad de sufrir un infarto. Esta molestia torácica viene además aumentada porque la persona suele presentar una necesidad imperiosa de aire, ya que el afectado percibe que no respira bien o que el aire no se introduce en los pulmones. A este síntoma los médicos le llamamos disnea, por lo que el paciente, en un intento de atrapar el oxígeno que necesita, incrementa la frecuencia respiratoria. También intentará abrir ventanas o mantenerse al aire libre. En los sitios calurosos, estas sensaciones lógicamente se amplifican.

Al aumentar la frecuencia respiratoria, pero con una respiración rápida y superficial, que se acompaña de suspiros o jadeos, puede producirse una hiperventilación, y con ello que el intercambio de gases en el pulmón no sea eficaz (recordemos al respirar inhalamos oxígeno y exhalamos dióxido de carbono -CO2-). Un desequilibrio de este intercambio en una respiración rápida y superficial, normalmente tendrá como consecuencia una hipocapnia (esto es, disminución del CO2) en sangre, que producirá nuevos síntomas como entumecimiento y hormigueos en algunas regiones del cuerpo).

Pero no queda ahí la cosa, también el paciente suele experimentar una molestísima sensación global de mareo, de vacío en la boca del estómago, sudoración incrementada, temblores, gran tensión muscular, sofocos y escalofríos.  

Toda esta pléyade de síntomas físicos se produce por una descarga inadecuada de adrenalina. Si bien es cierto que no todas las crisis de ansiedad presentan todos los síntomas e incluso hay crisis en las que no parece haber un compromiso adrenérgico tan importante y lo que sobresale son las molestias de tipo abdominal, como nausea y también estar mareado y con sensación de vértigo.   

  • Incremento de la alerta:

Parece lógico que las personas que experimenten una crisis de pánico con tal cantidad de síntomas repentinos los interpreten como un posible ataque al corazón. Este pensamiento generará más ansiedad con lo que se recrudecerán las molestias.

Por otra parte, la disnea y las sensaciones de mareo también pueden ser interpretadas como muy peligrosas, con temor a ahogarse o a sufrir un desmayo.

El mareo se produce por la redistribución del volumen sanguíneo, ya que en esta situación de “emergencia” hay mayor aporte de sangre a los músculos (especialmente en las extremidades) y por tanto una disminución relativa de la que llega al cerebro.

  • Síntomas psicológicos:

Aunque la distinción no es totalmente clara (ya que también pueden producirse por el incremento de la alerta y la percepción de peligro) casi todos los pacientes que experimentan crisis de pánico describen una (o varias) de estos:

  • Sensación de muerte inminente

Normalmente se interpreta que esta vivencia aparece como consecuencia a toda la disfunción neurovegetativa. Así, originará que el paciente acuda a un servicio de Urgencias ante la dramática perspectiva que cree sucederá.

  • Sensación de pérdida de control

En el momento de sufrir el ataque de pánico bastantes personas perciben como si fueran a perder el control: esto es, quedarse paralizado sin movimientos, o bien hacer cosas que no desean, como gritar, correr o romper cosas o incluso hacerse daño a sí mismo, o incluso a otros. Por otra parte, la mayoría de los pacientes tienen una necesidad imperiosa de salir del escenario en el que se produce la crisis, en parte, debido a la dificultad respiratoria, pero también por que el cerebro está interpretando señales anodinas como si fueran peligrosas. 

Aunque no se corresponde a la realidad, ya que la persona con una crisis de pánico no pierde el control, lo que es cierto es que experimenta una confusión o irrealidad con respecto a la experiencia que está viviendo.

  • Miedo a “volverse loco”

Se trata de un temor muy común que describen las personas con crisis de pánico. Vendría a ser la hipérbole de lo anterior, la sensación de pérdida de control.

Imaginemos, de repente una persona pierde el dominio de sí mismo: de su cuerpo (ya hemos descrito los síntomas que van apareciendo en cascada) y se siente extremadamente inquieto, con un temor máximo (recordemos, por algo le han llamado ataque de pánico). Las percepciones no pueden ser mas desagradables y que “confirmar” el que uno haya perdido el control: irrealidad, visión borrosa, confusión. En el momento de la crisis es fácil que la persona llore, grite o tiemble como una hoja, y que no pueda contener estas conductas.

Sin embargo, la crisis de ansiedad es pasajera, tremendamente desagradable y que puede traer consecuencias para la calidad de vida del paciente. Pero nada tiene que ver con los síntomas que acontecen en otras patologías de tipo psicótico.

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¿A quién le ocurre?

El ataque de pánico se presenta con bastante frecuencia, se calcula que hasta el 7,5% de la población general ha experimentado cuando menos una de estas crisis. Es mucho más común en mujeres (el doble) y puede presentarse a cualquier edad, aunque casi siempre la edad de inicio es en adultos jóvenes.

No obstante, el hecho de tener una crisis no desemboca siempre en sufrir un Trastorno de pánico o Trastorno por crisis de angustia. Muchas personas sufren una crisis de pánico y no vuelven a tener más, ya que la prevalencia del trastorno como tal se sitúa alrededor del 2-3% de la población general.

Para poder realizar el diagnóstico de “Trastorno de Pánico” se han de cumplir unos requisitos, como la recurrencia de las crisis, la ansiedad anticipatoria posterior o bien el inicio de conductas de evitación fóbica (se evitan determinados lugares por temor a que vuelva a aparecer una crisis), con la consiguiente merma de autonomía y libertad personal.

Consecuencias:

Para aquellos que padecer este trastorno es importante obtener un tratamiento adecuado y evitar la contaminación en la calidad de vida del paciente. Pero además el trastorno de pánico puede acompañarse de otros problemas:

  • Síndromes depresivos, secundarios a la desmoralización tras la pérdida de calidad de vida, la disminución de la autoestima y la incomprensión del entorno.
  • Problemas con el alcohol, ya que el paciente puede “descubrir” que el alcohol le “ayuda” a afrontar algunas situaciones. El alcohol puede disminuir algo la ansiedad, pero con un brutal efecto de rebote, además de los problemas inherentes a su consumo.
  • La agorafobia, como consecuencia de las crisis de pánico. Si una persona ha experimentado una crisis en un sitio en concreto, su cerebro “ha aprendido” de forma muy rápida que ese lugar y otros similares son “peligrosos”. La evitación fóbica se extiende hasta encarcelar al paciente en un perímetro de seguridad.

Lo dicho, terrorífica experiencia, que afortunadamente hoy en día se trata con eficacia.

 

El dios Pan

Pan es el nombre del semidiós de la mitología griega que se cuidaba de los pastores y los rebaños. Era especialmente venerado en Arcadia. Se le representa con un cayado o bastón de pastor, y tocaba la siringa. panico-dios-panVivía en la sombra de los bosques, entre la maleza de las fuentes donde solía esconderse para espiar a las ninfas. Pan era una criatura especialmente irascible, sobre todo si se le molestaba cuando dormía. 

Pan representaba a toda la naturaleza salvaje, y se le atribuía la posibilidad de producir un miedo enloquecedor. De ahí se deriva la palabra pánico, que en principio era utilizado como el temor que sufrían manadas y rebaños ante el tronar y la caída de los rayos, es decir, el temor ante la naturaleza desencadenada.