Con la pandemia la palabra teletrabajo ha llegado para quedarse. No es que previamente no existiera esta forma de empleo, en la que el trabajador está localizado remotamente con respecto a una oficina o centro de producción, pero conectado a través de la tecnología de los sistemas de comunicación.

He consultado alguna estadística, y al parecer en España, antes de la pandemia, solo el 4% de los trabajadores tenían esta forma de vinculación con su empresa, muy por debajo de los que se alcanzaban en países escandinavos o Islandia. E incluso podemos fijarnos que dicha estadística se refería a quien utilizaba el teletrabajo de forma ocasional.

Como sea, en el año 2020, con la irrupción de la pandemia por el SARS-CoV-2 (el maldito Covid-19) el número de personas en España que están realizando trabajo a distancia se ha incrementado hasta niveles cercanos al 20% de los trabajadores, aunque lógicamente hay grandes diferencias en cuanto a CCAA, grupos de edad y el tipo de trabajo que se realiza.

Sin embargo, el teletrabajo también puede producir algunos problemas de salud mental. Como todo se estudia y analiza, intento resumir algunas de las cosas publicadas:

Aspectos a tener en cuenta en relación al teletrabajo y la salud mental:

  • La adecuación del trabajo a realizar. Tanto la sobrecarga como trabajar poco puede producir tensión y estrés, afectando a la persona en sus horarios y ritmos biológicos.
  • En algunas personas, especialmente las muy responsables, tienen la tendencia a asumir como normales las sobrecargas de trabajo, fomentándose así la adicción al mismo.
  • Debido a la fatiga mental de estar permanentemente ante una pantalla se pueden producir reacciones como irritabilidad, ansiedad, situaciones de aburrimiento y apatía e incluso cuadros subdepresivos.
  • Incertidumbre en la actuación, con lo que se produce una mayor probabilidad de tomar decisiones erróneas o a la inversa de procrastinar las decisiones para evitar dichos fallos.
  • Alteración de la percepción del tiempo.
  • Ambigüedad del rol, que puede llevar a una excesiva dedicación, sin compartimentos diferenciados entre la vida personal y la vida laboral; en casos extremos puede haber un desinterés hacia otro tipo de actividades, con los consiguientes desequilibrios y alteraciones en el nivel socio-afectivo.
  • La utilización de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) también pueden generar estrés en casos de mala adaptación (emocional, cognitiva y/o conductual) al medio informático.
  • Sensación de aislamiento del grupo, a pesar de la conexión digital, o por el contrario, verse abrumado por el exceso de conexión y de teleconferencias, etc.

Asimismo, el teletrabajo puede producir algunos problemas con respecto a la salud física, se me ocurren entre otros:

  • Sedentarismo que puede favorecer o agravar diferentes enfermedades o simplemente contribuir a deteriorar el funcionamiento cotidiano, e impedir el mayor disfrute de las experiencias diarias.
  • El trabajo puede ser realizado en malas o pésimas condiciones de tipo ergonómico: mala ubicación física del puesto de trabajo, mal equipamiento del espacio físico, problemas de luz, temperatura, ruidos, etc.

Tanto los aspectos psicológicos como los aspectos de salud física son campo abonado para “esa cosa que llamamos estrés”, y si a esto le añadimos que el trabajador tenga que compatibilizar sus tareas con el cuidado o cuando menos la supervisión de menores en casa, la sensación de agobio puede ser abrumadora.

 

Lo ideal para teletrabajar

Lo ideal sería que la persona que realiza el teletrabajo sea disciplinada y constante. Y es cierto que hay personas qué siendo buenas en su trabajo, algunos son mas disciplinados que otros. Para ello recomendaría que el trabajador hiciera un esquema de su organización, lo intentara cumplir, lo revisara periódicamente con objeto de que su cociente rendimiento/esfuerzo sea el óptimo.

Asimismo, deberá poseer una buena capacidad de adaptación, ya que el propio medio y la tecnología relacionada con su actividad cambia a gran velocidad, con la necesidad de incorporar nuevas herramientas.

La persona debe tener en cuenta que trabajará en un medio con escaso contacto social, es decir sin el mecanismo de retroalimentación de compañeros, jefes o subordinados, por lo que no debe temer desarrollar su trabajo sin supervisión constante, y para ello debe procurarse la preparación adecuada para la actividad que va a desempeñar.

En esta misma línea, no solo el conocimiento, sino también la motivación debe partir de si mismo y no desanimarse.

La capacidad de planificación es básica, cumpliendo con horarios y plazos. Sin embargo, debe tener presente que su trabajo empieza y finaliza en algún momento del día, ya qué aunque esté en su domicilio no se dedica mas tiempo a la vida familiar si se está de cuerpo presente sentado ante una o dos pantallas y siguiendo con los temas laborales.

Otra cosa que me parece fundamental es que haya una cierta separación tanto temporal como espacial entre la cotidianidad de casa y el trabajo. Nunca sentarse a trabajar en pijama, tomando el desayuno frente al ordenador, ni por supuesto la comida. Lo ideal sería levantarse, ducharse, vestirse, desayunar y salir a dar un breve paseo, tras el cual se inicia la jornada. Y parecido al terminar, despejarse del trabajo, desconectarse digitalmente, tomar el aire y atender a la vida personal.

Estrés por teletrabajo:

El desajuste entre las características ideales, no solo del individuo sino también de la organización pueden llevar a problemas de salud físicos y psicológicos. Nadie es totalmente perfecto o totalmente incorrecto, pero si hay que señalar lo importante que es analizar nuestras características, preferencias, aptitudes, motivación y circunstancias del hogar a la hora de decidir (si podemos) o adaptarnos a esta nueva cultura organizacional.