Evolución del concepto.

Histeria:

  1. f. Med. Enfermedad nerviosa, crónica, caracterizada por gran variedad de síntomas, principalmente funcionales, y a veces por ataques convulsivos.
  2. f. Estado pasajero de excitación nerviosa producido a consecuencia de una situación anómala.

histeria colectiva

  1. Comportamiento irracional de un grupo o multitud producto de una excitación.

Histrión:

  1. m. y f. Actor teatral.
  2. m./f. Persona que se expresa con afectación o exageración propia de un actor teatral.
  3. m./f. Prestidigitador, acróbata o cualquier otra persona que divertía al público con disfraces.
  4. m. Hombre que representaba disfrazado en la comedia o tragedia antigua.

El término histeria ha sido sustituido en los modernos glosarios psiquiátricos por el de histrionismo, para subrayar la importancia diagnóstica de la aparatosidad y de la sobreactuación en detrimento de las connotaciones sexuales (y anatómicas) ligadas al concepto desde su origen histórico.

Histeria es un término usado coloquialmente para denominar a un exceso emocional ingobernable y tanto puede referirse a un estado mental o emoción temporal. Hasta el siglo XIX la histeria todavía se consideraba una enfermedad física diagnosticable solo en mujeres. Veamos la evolución del concepto.

Concepto de histeria a lo largo del tiempo

La palabra histeria tiene su origen en el término griego hystera (que significa útero). Aunque el registro mas antiguo de histeria no es griego, sino que se remonta al año 1900 a.C. cuando los egipcios registraron anomalías del comportamiento en mujeres adultas en el papiro Kahun. Los médicos egipcios atribuyeron dichos trastornos a un útero errante, y los antiguos griegos hicieron suya la explicación de los egipcios, incluyendo en su definición la incapacidad de tener hijos y la falta de actividad sexual. El término como tal fue usado por Hipócrates en el siglo V a.C. y así se recogió también por los romanos, aunque descartaron la explicación del útero móvil, pero sí en una enfermedad de este órgano o bien una alteración en la reproducción.

En la Edad Media, entre los siglos V al XIII, la creciente influencia del cristianismo en el Occidente latino alteró la comprensión de la histeria. Los escritos de San Agustín sugerían que el sufrimiento humano era el resultado del pecado, por lo que la histeria pasó a percibirse como una posesión satánica. La Iglesia comenzó a tratar a los pacientes mediante oraciones, amuletos y exorcismos.

No obstante, las primeras mujeres que ejercieron la medicina como la italiana Trota de Ruggiero y la germana Hildegarda de Bingen (ambas en el siglo XII) estudiaron las enfermedades femeninas e intentaron evitar conceptos erróneos y prejuicios comunes de la época, en un intento de combinar ciencia y fe.

Durante el período del Renacimiento muchos pacientes de histeria fueron procesados como brujos y sometidos a interrogatorios, torturas, exorcismos y ejecuciones. Recordemos que en esta época las mujeres eran consideradas seres inferiores conectando con las ideas aristotélicas de la superioridad masculina, idea que refrendaron autores cristianos como Tomás de Aquino.

Durante los siglos XVI y XVII diversos eruditos intentaron cambiar la percepción pecaminosa de histeria a una condición médica. Entre estos, el médico francés Charles Le Pois que insistía en que la histeria era una enfermedad de cerebro. Asimismo en 1697, el médico inglés Thomas Sydenham teorizó que la histeria era una condición emocional en lugar de una condición física, y muchos médicos, siguiendo el ejemplo de Le Pois y Sydenham empezaron a desvincularla del alma y también del útero. Durante este período, se comenzó a focalizar la histeria en el sistema nervioso central, creándose un modelo neurológico de la histeria que impulsó la concepción del problema como un trastorno mental. Asimismo, se desvinculó -en parte- de la condición femenina, aunque no de ciertas características más propias de las mujeres: en 1748 el Dr. Joseph Raulin publicó un trabajo en el que asociaba la histeria con la calidad del aire en las ciudades, sugiriendo que tanto hombres como mujeres la podían padecer, pero las mujeres serían mas propensas debido a su singular pereza (es decir, el estigma por la inferioridad del sexo femenino estaba lejos de resolverse).

En 1859 Paul Briquet definió la histeria como un síndrome crónico que se manifiesta por muchos síntomas inexplicables en todos los sistemas corporales. En realidad, el concepto descrito por Briquet se corresponde más acertadamente a un trastorno de somatización.

Charcot

A finales del siglo XIX el neurólogo francés Jean-Martin Charcot, neurólogo eminente, que describió la esclerosis múltiple, estudió acerca de la enfermedad de Parkinson, y también una forma de atrofia muscular que lleva su nombre. Sin embargo, es mucho mas conocido por su trabajo sobre “la gran neurosis” o “histeria” y la hipnosis. Charcot teorizaba que la histeria era un trastorno fisiológico hereditario, condición por la que estaban dañadas áreas del cerebro que provocaban los síntomas físicos que mostrabas los pacientes. Si bien, el factor herencia era indispensable, también hizo hincapié en factores ambientales que pudieran desencadenar la histeria en un individuo.

Este teórico publicó más de ciento veinte estudios de casos de pacientes diagnosticados de histeria. Entre ellas la paciente Marie Blanche Wittman (que fue inmortalizada en el famoso cuadro de André Brouillet de 1887 “Una lección clínica en la Salpétrière”.

Charcot comenzó a estudiar la histeria después de crear una sala especial para mujeres que padecían lo que llamó «histeroepilepsia». Describiendo dos formas distintas de histeria entre estas mujeres: la histeria menor y la histeria mayor.  Su interés por la histeria y el hipnotismo se desarrolló en un momento en que el público en general estaba fascinado por el “magnetismo animal” y la “mesmerización” que más tarde se reveló como un método para inducir la hipnosis. Sus estudios de la histeria atrajeron notoriedad tanto científica como social».  Autores contemporáneos  escriben: 

“Charcot y su escuela consideraban la capacidad de ser hipnotizado como una característica clínica de la histeria… Para los miembros de la Escuela Salpêtrière, la susceptibilidad al hipnotismo era sinónimo de enfermedad, es decir, histeria, aunque luego reconocieron… que el gran hipnotismo (en histeria) debía diferenciarse del petit hypnotisme, que correspondía a la hipnosis de la gente corriente.

Charcot argumentó con vehemencia contra el prejuicio médico y popular generalizado de que la histeria rara vez se encontraba en los hombres, presentando varios casos de histeria masculina traumática. Enseñó qué debido a este prejuicio, estos «casos a menudo pasaban desapercibidos, incluso por médicos distinguidos» y podían ocurrir en modelos de masculinidad como ingenieros ferroviarios o soldados. El análisis de Charcot, en particular su visión de la histeria como una condición orgánica que podría ser causada por un trauma, allanó el camino para comprender los síntomas neurológicos que surgen de accidentes industriales o traumas relacionados con la guerra.

Freud

En 1896, el neurólogo austríaco Sigmund Freud publicó su artículo “La etiología de la histeria”. En él se explica que la neurosis de sus pacientes a la que denomina histeria era e resultado de abuso sexual infantil, denominando a los síntomas físicos resultantes de dicho trauma, conversión histérica. Sin embargo, Freud cambio más tarde su punto de vista. En esta nueva hipótesis afirmaba que sus pacientes imaginaban los casos de abuso sexual, que en cambio eran fantasías infantiles reprimidas. Mas tarde, da un nuevo enfoque, retractándose de la teoría de la histeria como resultante de dichas fantasías infantiles.

Asimismo, Sigmund Freud fue uno de los primeros médicos destacados en atribuir la histeria también a pacientes masculinos.

Percepción moderna

En su mayor parte, la histeria no existe como diagnóstico médico en la cultura occidental y ha sido reemplazada por otros diagnósticos como la conversión o los trastornos funcionales. Ya en 1980 la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA) eliminó el concepto de histeria de su Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales.

En la actualidad se considera que los diagnósticos de histeria se debieron a un sesgo de género, basado en el imaginario médico según el cual el útero debilitaba las funciones mentales de la mujer.

La histeria ha sido reemplazada por otros diagnósticos como los trastornos funcionales, trastornos de somatización y también en algunos aspectos de los denominados trastornos de personalidad (dentro del cluster B) especialmente el trastorno histriónico de la personalidad.

El término histérico, aplicado a un individuo, puede significar que está emocionalmente alterado, incluso de manera irracional o frenética. Pero el término sigue teniendo matices tanto en lenguaje popular (risa histérica), como en el sociológico (histeria colectiva).

Esta última, histeria colectiva es un término tanto psicológico como sociológico para definir un fenómeno que transmite ilusiones colectivas de amenazas, ya sean reales o imaginarias a través de una población y una sociedad como resultado de temores y pánico, aunque también en lenguaje cotidiano puede usarse en un contexto de gran emoción y entusiasmo… 

Una lección clínica en la Salpétrière:

El autor del cuadro es André Brouillet y data de 1887. En la obra la paciente Blance (Marie Witman) sufre un ataque de histeria encontrándose bajo hipnosis, durante una de las conferencias semanales de Charcot.