Empatía es un término que se utiliza con mucha frecuencia y no solo a nivel clínico. Podemos definirla como la capacidad para ponerse en el lugar del otro y apreciar lo que siente o incluso lo que puede estar pensando.

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                 Rudolf Lotze

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                 Edward Titchener

Un poco de historia: 

La palabra empatía deriva de la palabra griega ἐμπάθεια (empatheia) literalmente «afecto o pasión física». Sin embargo, el concepto es novedoso ya que no proviene de la antigüedad clásica, sino que fue descrito por el filósofo y médico alemán Rudolf Hermann Lotze (1817-1881) cuyos estudios fueron pioneros en el campo de la psicología científica.

Poco después sus compatriotas y colegas filósofos Robert Vischer (1847-1933) y Theodor Lipps (1851-1914) desarrollaron la teoría de la empatía estética «Einfühlungsvermögen» como un proceso de afinidad entre objeto y sujeto; el sujeto se reconoce a si mismo y se solidariza con el objeto en un proceso que permite al sujeto hallar un nuevo conocimiento de si mismo.  

 Sin embargo, el término hizo fortuna cuando en 1909 fue traducido por el psicólogo anglosajón Edward Titchener (1867-1927) como «empathy». Titchener, de origen británico fue el impulsor definitivo de la aplicación del método experimental en la psicología norteamericana. 

Por tanto, podemos afirmar que la empatía es una abstracción contemporánea, nacida en la primera década del siglo XX, por lo que representaba un vocablo novedoso en cualquier lengua humana hablada. Ello no quiere decir que no existieran conceptos similares como la compasión o el altruismo, aunque ninguno de estos ofrece la significación precisa de lo que expresan los términos empatía o su adjetivo empático.

Cuando hablamos de empatía hacemos referencia a la habilidad emocional pero también cognitiva del individuo, capaz de ponerse en la situación emotiva del otro, y a través de esta percepción, la posible inferencia del pensamiento del otro. Este concepto está muy ligado al desarrollo de la psicología que considera que esta capacidad (la empatía) depende en gran medida del desarrollo de la conciencia del yo.

Los investigadores en este campo afirman que la historia emocional propia de cada individuo puede afectar o distorsionar qué tipo de emociones se perciben de los demás (cosa con la que no puesto estar más de acuerdo, en mi experiencia clínica profesional en salud mental). La empatía es una destreza que se va desarrollando de forma paulatina a lo largo de la vida y que mejora cuanto mayor es el contacto que se tiene con la persona con la que uno empatiza.

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A su vez, la empatía puede dividirse en varios componentes:

  • Empatía afectiva o emotiva:

La capacidad de responder con un sentimiento adecuado a los estados mentales de otro. A su vez se podrían distinguir  los niveles siguientes:

  • Preocupación empática: compasión por otros como reacción a su sufrir.
  • Aflicción propia: percibir sensaciones  de incomodidad y ansiedad como respuesta al sufrimiento ajeno.

No hay acuerdo sobre si la aflicción personal es un tipo básico de empatía o sí por el contrario, no lo es.  Hay que tener en cuenta que en esta cualidad también existen elementos relacionados con el crecimiento/desarrollo/maduración. Por ejemplo, los niños muy pequeños responden a la tensión que experimentan otros poniéndose ellos mismos en tensión; solo a partir de una cierta edad se empieza a responder de otra manera, con una finalidad como intentando ayudar, consolar o ser partícipe de la situación.

En este sentido, algunas personas que tienen una elevada expresividad emocional, no son verdaderamente empáticas con otras personas, sino que responden con un nivel de tensión «infantil», eso sí con gran malestar propio, pero escasa empatía real. 

  • Empatía cognitiva:

La capacidad de comprender el punto de vista o estado mental del otro. A menudo se utilizan como sinónimos los términos “empatía cognitiva” y las “suposiciones mentales” de la teoría de la mente.

También la empatía cognitiva tendría unos matices como son:

  • Asunción de perspectiva: Se trata de la disposición a adoptar, de forma espontánea,  los puntos de vista del otro.
  • Fantasía: la tendencia a identificarse con personajes imaginarios.
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¿Se identificaba Robin con Batman?

En determinadas patologías psíquicas pueden presentarse respuestas empáticas atípicas, o incluso la falta total de ésta. Tal es así los trastornos del espectro autista, así como en algunas formas de patología de personalidad,  como en el trastorno antisocial, el trastorno límite o la personalidad narcisista.

También esta falta de empatía se puede encontrar en algunos trastornos mentales severos como la esquizofrenia o el trastorno bipolar. Pero en estos casos estamos ante un hecho episódico y sintomático de una descompensación psicopatológica grave. 

Como en psicopatología casi todo se mide (o se intenta medir) existen instrumentos como el   «Índice de Reactividad Interpersonal” de Davis, test que consta de cuatro subescalas donde se define los aspectos diferenciales del concepto global. Dejo el enlace que permite hacer una autoevaluación.

El test de empatía de Voight-Kampff

Este es un examen psicológico ficticio que el escritor Philip K. Dick describe en su novela de 1968 “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” De esta novela surgió la idea para una de las películas de culto de los años ochenta Blade Runner (1982) de Ridley Scott.

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El escritor Philip K. Dick (1928-1982)

Para realizar la prueba Voight-Kampff se requiere una maquinaria que permite comprobar las diferentes reacciones de los seres humanos y de los androides (también llamados replicantes). Consiste en medir la variación de algunas funciones corporales (ritmo respiratorio, el rubor, frecuencia cardíaca o dilatación pupilar) cuando se realizan una serie de preguntas a un sujeto. La hipótesis es que dichas preguntas desencadenarán una respuesta emocional en humanos y la máquina capta su correlato fisiológico. La ausencia de esta respuesta emocional (ausencia por tanto de empatía) permite identificar a los replicantes que son formas de vida sintéticas producto de la biotecnología, como ya he dicho en (casi) todo similar a los humanos: no tienen empatía y tienen una fecha de caducidad, cuatro años de «vida». 

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                            Realizando el test de Voight-Kampff

Sin embargo, el momento más empático de la película lo protagoniza un androide, Roy Batty,  al que da entidad de forma soberbia el actor Rutger Hauer. Claro que la música de Vangelis contribuye y mucho, a este momento de «Einfühlungsvermögen» que experimentamos muchos espectadores. 

La película se desarrolla en un crepuscular y lluvioso Los Angeles, en un futuro ya muy cercano en el tiempo para nosotros, en noviembre de 2019. Se han fugado un grupo de androides Nexus-6, cuya presencia está prohibida en la Tierra. Los policías blade runner tienen como misión «retirarlos». 

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Los Angeles, 2019

Casi al final de la historia Roy Batty persigue a su propio perseguidor, el blade runner Deckard (Harrison Ford) a través del edificio Bradbury (otro guiño a la ciencia-ficción). En este lance Batty destruye todo lo que se interpone a su paso… Llegan al tejado y Deckard intenta escapar saltando a otro edificio, pero queda colgado de una viga. Roy Batty cruza con facilidad y mirándole fijamente le sujeta por la muñeca y le salva la vida.

El androide, consciente de la cuenta atrás de su tiempo, percibe su rápido deterioro: se sienta, acaricia a una paloma y relata con elocuencia algunos momentos de su vida…

¿Acaso Roy Batty ha desarrollado la conciencia del propio yo? ¿No es el vuelo de la paloma el alma/conciencia/humanidad de Batty? ¿Cuál es el concepto de ser humano?  ¿Cuándo la imitación es tan real, no es real en si misma?

¿No es cierto que vivir con miedo es la esencia de ser esclavo?  Y en cualquier caso ¿no son todas las vidas humanas lágrimas en la lluvia?