Ya hemos hablado de que lo que conocemos como ANSIEDAD es un mecanismo adaptativo y de defensa del organismo, con objeto de facilitar las acciones fisiológicas más convenientes ante situaciones que nuestro cerebro considera amenazadoras.

Pero, ¿cómo nuestro cerebro evalúa las amenazas?

Una circunstancia se considera amenaza en función del resultado de varios procesos de valoración:

  • ¿Qué ocurre?
  • ¿Cómo me afecta?
  • ¿Qué consecuencias podría tener?
  • ¿Qué competencias tengo para enfrentarme a ello?
  • ¿De qué recursos dispongo?
  • ¿Qué confianza tengo en los propios recursos?

Todas estas valoraciones, en los humanos, están basadas en el procesamiento cognitivo de la información, es decir a través del pensamiento, que juega un papel fundamental en las acciones relacionadas con la ansiedad.

De dichos procesos mentales se deriva una determinada visión de la realidad, tanto externa a nosotros como la que corresponde a la representación de nosotros mismos. Y es la construcción de esta realidad la que activa las acciones oportunas por parte del individuo y la disposición fisiológica precisa para su desarrollo.

En nuestro cerebro, además, existe una poderosa “app” que es la imaginación. Es decir, la posibilidad de representar de forma simulada o virtual, lo que puede llevar a experimentar y analizar diferentes definiciones de esta realidad, su desarrollo, consecuencias, su posible cambio o manipulación. Y también, de forma retrospectiva, realizar diferentes lecturas de lo sucedido.

Dentro de los procesos cognitivos, los pensamientos de tipo anticipatorio tienen una gran importancia. Veamos, si la función de la ansiedad es la movilización del organismo frente a peligros o amenazas, esta ansiedad debería activarse antes de que el peligro se concrete. Esto es, sería conveniente estar previamente advertidos y activados ante la eventualidad de un riesgo.

La anticipación es un proceso de evaluación cognitiva basado en la experiencia y otras fuentes de conocimiento que prevé las consecuencias que un acontecimiento dado provocará en un individuo.

La anticipación, sin embargo, no es un único proceso sino que interviene desde un proceso rápido, casi intuitivo o automático, hasta un proceso de predicción deliberado, basado en inferencias inductivas o deductivas. Es decir, podemos hablar de anticipación tanto en una situación de riesgo inminente (si vemos un vehículo que se abalanza sobre nosotros) como en una circunstancia muy compleja (jugando una partida de ajedrez).

Los psicólogos hablan en términos de:

  • Evaluación primaria (o cuál y cómo es la amenaza).
  • Evaluación secundaria (qué se puede hacer).
  • Expectativa de eficacia (qué capacidad se atribuye la persona para enfrentarse)
  • Expectativa de resultados (qué se espera que suceda).

anticipación

Y en función de dichas predicciones se experimentará un estado emocional (agradable o displacentero) dependiendo de cómo se vea afectado el individuo.

Así mismo, la anticipación, también produce un efecto motivacional. Esto es, los pensamientos anticipatorios que no se desmarcan de los límites de la realidad tienen la capacidad de motivar el desarrollo de competencias y planes de acción.

Sin embargo, la anticipación no está exenta de riesgos. Aunque nos hace precavidos, en algunas personas si son extraordinariamente sensibles a las señales de castigo pueden responder con reacciones emocionales muy intensas que lleguen a interferir en sus aprendizajes, a desorganizar la conducta e incluso a producir síndromes clínicos (como el trastorno de ansiedad generalizada). 

Imaginemos a una persona que tiene que presentarse a un examen. En una situación de ansiedad anticipatoria pueden aparecer pensamientos catastróficos como:

“No podré hacerlo”

“Me quedaré en blanco”

“Me van a suspender”

que producirán un aumento de la activación. Si esta activación es elevada se produce una disminución del rendimiento, pudiendo llevar a una situación en la que el organismo se bloquea e inevitablemente se llega a la “profecía autocumplica”. 

Anticipación Yerkes Dobson

Si estas “profecías” se repiten se va generando una expectativa negativa que moldea nuestra autoimagen (condicionando por tanto la expectativa de eficacia así como la expectativa de resultados).